lunes, 7 de marzo de 2011

EMPOTRADOR Y EMPOTRAR. DEFINICIONES.







Empotrador: m. Dícese del hombre que dice ser heterosexual, con pinta de heterosexual, y que aparentemente lleva una vida heterosexual, ya sea con o sin pareja heterosexual, que sólo por vicio, gusta de meter el pito por el culo a hombres homosexuales, tan sólo por el hecho de sentirse más hombre y reafirmarse en su heterosexualidad. Este hecho, que puede llevar a contradicción, se produce cuando el empotrador, movido por el instinto, necesita descargar y lo hace a sabiendas dentro de un homosexual. Todo empotrador debe cumplir unos requisitos físicos como cuello de mulo, lomo de toro, espaldas como la Sierra Morena, brazos capaces de partirte la cadera de un guantazo, codos que hacen pico, la necesaria arruga en la nuca, piernas brutísimas con pelos, cara de segurata, olor intenso y profundo a hombre y pecho que incite a despertarte todas las mañanas con la cabeza apoyada en él sintiéndote su hembra. El empotrador puede o no puede tener mínimos conocimientos culturales, puesto que su lugar en la naturaleza es el de copulador y poco más. Suele desempeñar oficios rudos como los de encofrador, GEO, legionario o bombero y aunque suele despertar también pasiones entre el público femenino al que acude también a cubrir, es con las maricas con los que verdaderamente se siente hombre, maltratándolas durante el empotre con todo tipo de desprecios y tan sólo preocupándose de conseguir su placer, aún a sabiendas que la marica está disfrutando tanto o más que él.

Ejemplos de empotrador perfecto:














Empotrar: del lat rompere, aplastare, partire. Acción que ejerce el empotrador sobre la marica, de meterle el pito por el culo fuerte, sin remisión y sin mucho tacto, de forma muy animal y sin miramientos ni titubeos estúpidos de “vamos a acabar a la vez”, hasta conseguir descargar dentro del empotrado. Así, el empotrador se compara con el empotrado y este segundo queda reducido a una marica viciosa y loca que sólo desea que le den bien fuerte, la dominen, la sometan y hagan de ella una grandísima perra. El empotrador, se reafirma pues como macho alfa y dominante de la situación, incluso vilipendiando al empotrado, que disfruta perdiendo su honor, honra y estima ante el hecho de que algo tan hombre como un empotrador, se la meta por detrás y la convierta en una grandísima ultra cerda. Cuando el empotrado recibe la descarga final de virilidad del empotrador, se han reportado situaciones en las que la marica necesita fervientemente abrazarse al empotrador y pasar la noche acurrucada en sus brazos protectores. Esto es debido a que la marica se siente perdidamente poseída y enamorada de su empotrador. Como hecho común, el empotrador la suele rechazar ipso facto, apartando e incluso empujando al suelo al empotrado, que aún sigue en pompa relamiéndose y que igualmente disfruta de este último desprecio. El hecho de empotrar suele transcurrir a escondidas debido a que el empotrador ha de guardar su hombría y tal acto no sería comprendido por sus compañeros. El empotrador no suele mediar palabra con el empotrado, ni así caricias o expresión de cariño alguna. En cambio es la marica quien busca de primeras la boca del empotrador para intercambiar algún beso y sentirse mujer a su lado, cosa que nunca consigue ya que el empotrador la pone mirando a Cuenca de momento. Muchas maricas, una vez empotradas, se han dado la vuelta y se han sacado el móvil para apuntar el teléfono del macho pero por lo general, este ya se está subiendo los pantalones de chándal y dándose media vuelta. Un solar, un garaje, las taquillas del gimnasio o un descampado suelen ser los lugares más míticos donde todo marica desea ser empotrado.

Si alguien que dice de sí mismo ser empotrador, tiene fotos con juegos de sombras en su perfil marica y te invita a su casa o queda contigo antes para tomar una caña y “ver que pasa”, no se debe acudir a la cita nunca, ya que se corre el altísimo riesgo de tener que empotrar al susodicho. Un alto índice de travestis han confirmado que sus taras han estado muy condicionadas por este tipo de citas.

La forma más sencilla de constatar que uno disfruta 100% de los empotradores, es repetirse así mismo la frase "cuando te la están metiendo, todos son monos", varias veces, durante la empotración.


9 comentarios:

Antonio dijo...

Cómo escribes cariña, te como!

Josu dijo...

Más redicha y no naces cabrona. Buen trabajo. Vamos nenas ¡aprended a manejar el verbo!

Anónimo dijo...

De donde ha salido semejante ejemplar??? MADRE DE DIOS... me siento una nena fragil a su lado...

Anónimo dijo...

Nene, esta semana no te lo curras mucho eh, que algunos que somos adictos a tu blog

teroapex dijo...

Very intereresting reading. thx

clomid

Abel Guerrero dijo...

Genial!

Abel Guerrero dijo...

Genial!

franjs- dijo...

Cachondísimo y real como la vida misma. A ver si sigues así.

Anónimo dijo...

Se puede decir mas alto pero no mas claro.Asi es y sera por los siglos del los siglos amen.

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